
Mensajes, Reflexiones y
Pensamientos
Pastor Jorge Barceló
Señor,
envía obreros a la mies
Instrucciones al obrero
Como buenos obreros en la obra del Señor, nosotros hemos tomado buen cuidado de prepararnos para poder ser usados. Pero después de una buena preparación, justo antes de comenzar con la obra, es necesario una inspección final, para asegurarnos que todo está como debe de estar, apretando una vez más las amarras, asegurando las correas, revisando las ánforas, y sobre todo, entender claramente el propósito de la encomienda, con las metas y estrategias bien establecidas, para asegurar el buen éxito de la obra.
En el libro de Josué capítulo cinco encontramos un pueblo dispuesto y preparado para tomar posesión de la tierra de la promesa y despojar a las naciones paganas de ella. La atmósfera está cargada de un aire de buen ánimo entre el pueblo, Josué está seguro de la encomienda y Dios mismo ha llenado los corazones de valentía y coraje para emprender la obra que quedó pendiente por cuarenta años debido a la falta de fe de los padres. Aun el Señor había puesto temor en los reyes de los pueblos al otro lado del río cuando oyeron las proezas de Dios al abrir las aguas del Jordán. Y este pueblo y este Josué hubieran arremetido en un momento a estas naciones, como una sola voz, como un solo hombre, a un comando, todos hubieran ido sin dudar. Pero Dios detuvo al pueblo, porque aun era necesario que los últimos detalles fueran tomados en consideración, porque aunque se habían tomado en cuenta todas las cosas, algunas se habían pasado por alto. Así pues Dios intervino y llamó aparte a Josué y le indicó que se había descuidado y lo que debía quedar bien claro.
Circuncidados por segunda vez – El pueblo que salió de Egipto había salido circuncidado, pero los hijos que nacieron en la travesía no habían sido circuncidados y esto sería un serio impedimento en la tierra prometida.
Espiritualmente, entrar a la tierra prometida es tomar posesión de las promesas del reino de los cielos, y esto requiere haber sido salvo (primer circuncisión) conocer a Dios y sus estatutos, estando bajo su provisión y enseñanza (tiempo en el desierto, tiempo de prueba y de disciplina) y finalmente una conciencia de determinación en la cual firme y absolutamente marcamos nuestra separación de Egipto (el mundo y el sistema del mundo, sus placeres y sus glorias, sus dioses y sus métodos de búsqueda de lo divino, la suerte y la dependencia en cualquier cosa fuera de Dios), lo cual requiere una segunda circuncisión (segunda separación) donde segundo no implica secundario o de menor importancia, sino al contrario, más sublime y de mayor consideración, como todas las cosas que espiritualmente se nos muestran como segundas, entre ellas, el segundo lugar o lugar santísimo, que tiene mayor importancia que el primero, sin restar importancia a este.
Con esto Dios dice: “hoy he quitado el oprobio (atadura y opresión) de Egipto de entre vosotros”. Sin esta segunda separación no seremos capaces de entrar en la libertad de las promesas del Señor, por seguir atados al mundo, no ya en espíritu, porque ya somos salvos por la gracia, pero en la mente, porque es necesario que de pensamiento también entremos en libertad.
Con esta segunda circuncisión, solo queda el recordarles dos cosas, que han de quedar bien grabadas en los corazones de cada buen obrero listo para entrar a hacer la obra de su Señor, a saber:
Escuchar la voz de Dios para no pecar y morir como sus padres que no oyeron y quedaron tendidos en el desierto (tiempos de pruebas y disciplina de Dios) y a reconocer al Espíritu Santo (Príncipe del ejercito del Señor) como guía de nuestra travesía y posesión de la tierra y sus bendiciones.
INSTRUCCIONES AL OBRERO (Mateo capítulo 10)
- No vayas por camino de gentiles, sino a las ovejas perdidas de Israel. Hay que permitirle al Señor ser nuestro guía en cuanto a quienes ir y compartir la palabra. Esto no nos impide el compartir el Evangelio del Reino a toda criatura, sino más bien el atender a aquellos que tienen hambre y sed de justicia, aquellos que están ciegos y necesitan quien les quite la venda de los ojos y vean y se conviertan de sus caminos a los caminos del Señor. Vamos a darnos cuenta que no todos están preparados para entrar en el reino, algunos recibirán la palabra como el camino, donde la semilla es robada por las aves, otros como las rocas donde la planta perece por falta de humedad, otros como los espinos donde se desaniman por los placeres, riquezas y tribulaciones del mundo, pero otros serán buena tierra, donde es bueno invertir y desvelarse, porque estos producirán al ciento por uno. De nuevo, se nos llama a compartir la palabra a todos, pero también que no echemos las perlas a los puercos, porque las cosas del reino de Dios son muy preciosas y no todos las valoran.
- Predicar diciendo: “el reino de los cielos se ha acercado”. No es una formula o un conjuro, sino un estilo de vida. Porque muchos piensan que solo basta creer y confesar, pero eso no es sino cruzar la línea, es preciso que con el arrepentimiento venga consigo un cambio de actitud y de conciencia. Jesús indicó esto (Lucas 9.57-62) como una norma para los que le quisieran seguir. También nos dice: “si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome su cruz cada día y sígame”. La expresión “el reino de los cielos se ha acercado” es un llamado a los hombres a vivir una vida santa en este nuevo reino de justicia de Dios como Rey.
- Sanar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos y expulsar demonios. Estas son las señales que seguirán, las cuales se cumplen primeramente en lo natural como señales divinas de poder, pero también en lo espiritual para aquellos que han conocido la verdad y se han dejado engañar y ensuciar, a quienes llevaremos la restauracion de familias separadas y heridas, la resurrección de hombres y mujeres que se han olvidado de la salvación, llevando a algunos otros a limpieza de su inmundicia al estar en promiscuidades y vicios que no agradan a Dios, y aun a libertar a los que han caído aun más bajo y que son oprimidos por sus pecados pero que por el poder del perdón de la sangre preciosa de Cristo pueden quedar limpios de nuevo y ser presentados irreprensibles ante el Padre. Recordemos que somos enviados a los enfermos (necesitados) y no a los sanos (Mateo 9.12-13)
- De gracia recibiste, dad de gracia, no llevéis provisión porque el obrero es digno de su sostén. El evangelio del reino no es para ganancia de riquezas ni de glorias o fama, sino de almas para Cristo. Pero queda bien claro que no se caiga en el error de Balaam, hijo de Beor, quien obtuvo riquezas por sus servicios de adivino y Dios le castigó por lucrar con las cosas de Dios. Aun Giezi, el siervo de Eliseo, quedo con la lepra de Naamán cuando su corazón decidió tomar bienes de este cuando su señor le indicó que no recibiría pago alguno por algo que Dios hizo por misericordia. De Dios dependemos y solo El es nuestro sostén y no pasará desapercibido si las cosas que son gratuitas se cobran como si fueran nuestras. En cambio dice que el obrero es digno de su salario, por lo cual no es malo vivir del evangelio siendo obrero del evangelio, sino el hacer lucro de evangelio, seas obrero o no.
- Averigua quien es digno de recibiros y quedaos allí. Dios tiene en alta estima a sus hijos que están en su obra y ha determinado quienes les ayuden y les bendigan en el desarrollo de la misma. Algunos no son dignos de recibir a los siervos de Dios, sino que los exprimirán de sus fuerzas con quejas y condiciones para su lealtad, con falta de sinceridad y aun entrarán en levantar falsos para desacreditarlos, pero el Señor nos ha dado discernimiento para no caer en su trampa, porque en ocasiones ni aun ellos saben que son usados por el enemigo. Algunos deciden apoyar y otros pertenecer y ambos parecen muy sinceros, pero solo Dios conoce sus corazones y si le permitimos, El nos librará de este gran mal. En cada lugar a donde se nos envíe, el Señor tendrá quienes serán de bendición y quienes serán nuestra ayuda, pero solo El es nuestro sostén. Dios es El Shaddai, el Dios Proveedor y nada nos hará falta. Pero es necesario oír.
- El saludo de paz – Shalom es traducido “la paz del Señor”. Y es que el evangelio se da en paz, no en contiendas. Si alguno no quiere oír pero más bien entrar en contienda, no le des gusto, porque nada se gana con un necio, más bien guarda tus palabras y sal de allí llevando tu paz contigo. Por eso dice también: “si no sois bien recibidos, recoged el saludo de paz” porque ellos tienen paz que el mundo les da, paz que no es ni genuina ni verdadera ni tampoco duradera, pero la aman y defienden y rechazan la paz de Dios por no quererla conocer. El que quiera oír, que oiga, pero el que no quiera oír, que quede sin entendimiento. Su ignorancia los alcanzará y su propio mal vendrá sobre ellos, pero tu busca no entrar en contiendas con ellos. Se nos ha llamado a ser centinelas, pero no podemos convencer a quienes no desean ser convencidos sino a los que su corazón les indica que las palabras que se hablan son de vida. (Ezequiel 33.1-9)
En Cristo, a su servicio y bajo su llamado:
Pastor Jorge Barceló.
He aquí, vienen días--declara el SEÑOR-- en que levantaré
a David un Renuevo justo; y El reinará como rey, actuará sabiamente, y
practicará el derecho y la justicia en la tierra.
En sus días será salvo Judá, e Israel morará seguro; y este es su nombre por
el cual será llamado: "El SEÑOR, justicia nuestra." Jeremías
23.5-6
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